Quinto Horacio Flaco (Venusia, 56 —8 a.C.)


Dichoso el que de pleitos alejado,
cual los del tiempo antigo,
labra sus heredades, no obligado
al logrero enemigo.

Ni la arma en los reales le despierta,
ni tiembla en la mar brava;
huye la plaza y la soberbia puerta
de la ambición esclava.

Su gusto es, o poner la vid crecida
al álamo ayuntada,
contemplar cuál pace, desparcida,
el valle su vacada.

Ya poda el ramo inútil, o ya enjiere
en su vez el extraño;
castra sus colmenas, o si quiere,
tresquila su rebaño.

Pues cuando el padre Otoño muestra fuera
la su frente galana,
con cuánto gozo coge la alta pera,
las uvas como grana.

Y a ti, sacro Silvano, las presenta,
que guardas el ejido,
debajo un roble antiguo ya se asienta,
ya en el prado florido.

El agua en las acequias corre, y cantan
los pájaros sin dueño;
las fuentes al murmullo que levantan,
despiertan dulce sueño.

Y ya que el año cubre campos y cerros
con nieve y con heladas,
o lanza el jabalí con muchos perros
en las redes paradas;

o los golosos tordos, o con liga
o con red engañosa,
o la extranjera grulla en lazo obliga,
que es presa deleitosa.

Con esto, ¿quién del pecho no desprende
cuanto en amor se pasa?
¿Pues qué, si la mujer honesta atiende
los hijos y la casa?

Cual hace la sabina o la calabresa
de andar al sol tostada,
y ya que viene el amo enciende apriesa
la leña no mojada.

Y ataja entre los zarzos los ganados,
y los ordeña luego,
y pone mil manjares no comprados,
y el vino como fuego.

No me serán los rombos más sabrosos,
ni las ostras, ni el mero,
si algunos con levantes furiosos
nos da el invierno fiero.
Ni el pavo caerá por mi garganta ,
ni el francolín greciano,
más dulce que oliva, que quebranta
la labradora mano.
La malva la romanza enamorada
del vicioso prado,
la oveja en el disanto degollada
el cordero quitado
al lobo y mientras como, ver corriendo
cual ovejas vienen,
ver arar los bueyes que volviendo
apenas se sostienen,
ver de esclavillos el hogar cercado
enjambre de riqueza.
Así dispuesto un cambio ya al arado
loaba la pobreza.
Ayer puso sus ditas todas cobro,
mas hoy ya torna al logro.

Traducción: Fray Luís de León

Fray Luis de León

(1527-1591)

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Vida retirada


¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido! 5

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado. 10

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera. 15

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado? 20

¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso. 25

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero. 30

Despiértenme las aves
con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno abritrio está atenido. 35

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo. 40

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura. 50

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo. 55

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido. 60

Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía. 70

A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada. 75

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando. 80

A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado. 85

ACTIVIDADES
  • Ensayo en defensa del mundo natural
  • Recreación personal del poema

Beatus Ille



A veces me cuesta
muchísimo
respirar el aire de la calle,
tan cargado…
tan denso…
tan muerto.

A veces me cuesta
muchísimo
asomarme por la ventana,
tan fría…
tan sucia…
tan falsa.

Porque me abofetea hacerlo,
y toser si respiro
y angustiarme si miro
y ahogarme si respiro
y pudrirme si miro.

El aire es cálido
pero me enfría,
está sucio,
pero limpia.
Limpia la vida de vida.
Borra lo real
y me impone lo irreal.

Este suelo que piso no es real,
ni este cielo que miro,
ni este aire que respiro,
ni estos sueños,
ni este poema que escribo.

Real no es la brea,
real es la hierba.
Real no es el humo,
real es la brisa.

El ruido me enloquece.
El canto de los pájaros me amansa.


El bullicio me aplasta.
La soledad me expande.

¡Yo no quiero usar calzado!
Quiero pincharme con las hierbas,
empaparme los pies con su frescor,
con el agua de la lluvia
y no con el del desagüe
que se mezcla con mis lágrimas.

El árbol se oxida y se ilumina
y se hace farola,
y mis pies ya no son pies sino ruedas.
Y mis ojos son cristales.
Y mi piel se oscurece,
no por el sol,
que es fiel a mi paraíso real,
sino por el frío de este lugar irreal.


Aire caliente que enfría…


La humildad es pedantería,
la sonrisa es mueca de fastidio,
la risa una utopía
y vivir un castigo

Quiero ser una paloma
para poder huir de aquí
entre las blancas nubes del cielo,
inmaculadas,
blandas y reales.

La polución del trabajo,
del deber,
del tener,
del querer y no poder.
Me asusta

Yo lo que quiero es evaporarme.

Yo lo que quiero es ser una paloma.

Que lo que quiero es ser uva o aceituna,
no una pila.



Quiero fruta,
rebaño,
campo.
Ni folios ni negocios.

¿Qué es la vida sin la vida?
¿Qué es el ser sin el ser?

Dichoso aquel que no sueña lo que sueño,
que no llora lo que lloro,
y que no sufre por lo que yo sufro.
Porque vive en el campo. 

Miguel Pola



Soy el retrato
Del alma de la tierra,
De quien en las lejanas Américas
Es conocida como Pachamama.

Soy el reflejo de sus latidos.
Y con cada bombeo de una de mis sangres,
La savia, germina una flor.

Soy Naturaleza,
El reflejo de la vida de la Tierra.
Una Naturaleza que estando viva
Se empeñan en ver muerta.

Has de saber
Que este verde retrato
La única muerte que sufre
Es la provocada por el olvido.

Déjame regalarte una mañana oscura
Y noches llenas de luz de luna,
Y olvida esos amaneceres
Que rezuman a rutina

La obcecación
Que limita las fronteras
De los días iguales,
Nubla el contorno
De lo que habita
Más allá de ellas.

Navega libremente por los ríos,
Que son las arterias
Por las que fluye otra de mis sangres;
El agua.

Duerme en las laderas que son mi regazo,
Y déjame acariciarte cada noche
Con mis manos de viento.

No tendrás más intentos fallidos
De pintar de azul
Un cielo eternamente gris.

Ángela Arrizabalaga